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Carta Póstuma A Mi Hija Beatriz
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Mensaje Carta Póstuma A Mi Hija Beatriz 
 
Siento exponer lo siguiente en éste Foro, pero como no hay un apartado para ello, aquí lo dejo:

Queridísima hija Beatriz: Hace ya más de un mes que nos dejaste. En septiembre del pasado año te diagnosticaron una de esas enfermedades “raras”, llamada esclerosis sistémica (esclerodermia), que consistía en que tus propios anticuerpos que están para hacer frente a las enfermedades, atacaba a tu propio organismo haciendo que se secasen y no ejerciesen la función para lo que están hechos, y todo eso es porque no los reconocía como tuyos; al igual que cuando a una persona le hacen un trasplante y el cuerpo lo rechaza. ¿Pero por qué a ti?, si eran tus propios órganos. En enero de 2011 empezaron a suministrarte 1400 ml. de ciclofalina, con ingreso hospitalario de 24 horas. Era la única medicación que podía pararte esa dura enfermedad, pero no curártela, porque lo dañado era irreversible. Los médicos nos dijeron que la medicación, era incluso más peligrosa que la propia enfermedad; que era veneno para el cuerpo; pero era la única forma de pararla por un tiempo indeterminado, dándonos un tiempo de vida con bastantes sobresaltos, ingresos, sustos, hospitalizaciones, etc., de unos 55 años aproximadamente.
Si no la medicábamos, la enfermedad podía acabar con ella en un tiempo indeterminado, pero si lo hacíamos, igualmente podría ocurrir. Le miramos fijamente a los ojos al especialista y le preguntamos, ¿en su caso usted se la pondría a su hija?, y sin apartar la mirada de nuestros ojos, sin dudarlo, dijo que sí. Ante esa incógnita decidimos comenzar el tratamiento. Consistía en bajarle las defensas del organismo, que eran las que le estaban causando el daño. Así un mes tras otro, hasta la novena medicación mensual a primeros de octubre. Le dieron el alta médica, y a los tres o cuatro días, siendo las tres de la madrugada nos llamó; la madre y yo, salimos corriendo a su habitación, y la vimos cuatro o cinco segundos incorporada en su cama aún consciente y preguntándole: ¿Qué te pasa?, pero ya no tenía fuerzas para responder, al cabo de ese tiempo dejó de respirar. Mientras llamábamos al 112 le insuflaba aire en los pulmones, pero al ver su carita, sabía que había sido el corazón, que no había nada que hacer, aun así seguí reanimándola hasta que llegaron los servicios médicos; y no pasaron ni tan siquiera cinco minutos reanimándola, hasta que salió la médico para confirmarnos su defunción. Ahí se nos hundió el mundo. Éramos cuatro y ahora sólo tres, mi mujer enloqueció, mi hijo de 16 años, daba puñetazos a la pared y puertas al sentirse impotente de que los médicos no hubiesen podido hacer nada por Beatriz, pero mi pregunta siempre ha sido ¿Con la cantidad de hijos de ... que hay en el mundo, porqué te has llevado a mi hija?, ¿Qué te hemos hechos nosotros para que nos hagas esto? Desde que nació nos la diste con minusvalía psíquica? luchamos con ella desde los cuatro años para que fuese una niña igual que las demás, la llevamos a especialistas de todo tipo, logopedas, sicólogas, etc.,. Se sacó cinco titulaciones de jardinería, ayudante de cocina, panadería, cocinera y repostería; y ahora que empezaba a levantar cabeza, llevaba trabajando fija en una empresa cinco años, y nos la arrancas de nuestros brazos.
Lo único que nos hace más llevadero de todo este sufrimiento es que notabas que te ibas y llamaste a tu madre, fue la última cara que viste, y no sufriste, porque quedó reflejada en tu cara la alegría que siempre tenía, incluso cuando le estaban poniendo en el Hospital ese veneno inyectado por las venas. Si alguien te preguntaba en esos momentos ¿Cómo te encuentras Beatriz?, respondías con una sonrisa y decías me encuentro mejor. Vivió y murió sin quejarse, sin hacer ruido. Tenía una hija que no nos la merecíamos, era y será un ángel que ahora estará haciendo feliz a todos los que se encuentren a su alrededor. Sería la envidia de muchísimos padres que le hubiese gustado tener una personita similar con ellos, de lo cual nos sentimos la familia más feliz y orgullosa del mundo, al haberla tenido ese tiempo con nosotros, aunque hubiésemos deseado tenerla muchísimo más tiempo.
Desde el pasado día 06 de octubre, no estás entre nosotros, y dejaste un tremendo vacío en nuestros corazones. No es justo que con sólo 26 años te lleve Dios al darse cuenta que un día pasando lista, le faltaba un Ángel, y tras buscarte, te encontró en nuestra casa, lucías tanto por tu falta de maldad, inocencia y alegría, que en tus 26 añitos, dejaste más huella en la tierra, que otros que han estado en éste asqueroso mundo 90 años, y cuando se van, nadie los recuerdan, porque no dejaron amor, cariño, amistad; todo lo que a ti te sobraba.      Sé que en la tierra dejó de brillar una luz de paz y amor, pero esa luz nos iluminará desde el cielo, y nos enseñará a ser mejor persona. El pasado día 01 de noviembre hubiese cumplido los 27, pero no te lo permitieron, ese día que se imaginaba que iba a ser feliz para todas tus amigas y los familiares, a los que nos has dejado roto el corazón, fue un día triste, amargo, largo; todo lo contrario a lo que esperábamos. Ahora mismo estoy enfadado con Dios por alejarte de nuestras vidas, pero si lo ha hecho con la finalidad de que no sufrieras ni te viéramos sufrir en una fría cama de hospital, entubada, llena de cables y máquinas; entonces sólo y únicamente por ese motivo, con el tiempo que todo lo cura, podría hacer las paces con él; ahora mismo, no puedo. Hace un mes que intentamos hacer una vida normal, pero ya no puede ser, faltas tú. Nuestro trozo de corazón.
    Nadie puede imaginar, ni se lo deseo ni a mi peor enemigo, lo que se siente en esos momentos: Te desgarran de las entrañas de tu corazón a un ser querido, y ves impotente como no puedes sujetarlo a éste mundo. La enfermedad de mi hija, aunque estaba muy al principio, apenas podía recorrer 200 metros en llano, ni subir más de un piso de altura, aunque en ningún momento le pusieron esos respiradores que a veces vemos a las personas paseando por la calle con las gomas en la nariz, y una pequeña bombona en una mochila. Si los médicos me decían que sólo tenía esclerosado un trocito de uno de los pulmones, como pudo llegar ese fin tan inesperado. Mi opinión es que a veces en medicina, algo se esconde detrás de otros órganos, y nos impiden ver lo que realmente tiene una persona; o con la teoría con la que me quedo; que para dejar de sufrir en éste mundo con tantos pinchazos, analíticas, extracciones, sueros, medicación vía intravenosa, etc., su corazón dejó de funcionar y de bombear sangre para así finalizar con tanta tortura, que al final la hubiese llevado al mismo fin.
   Querida hija Beatriz:
   El pasado 27 de noviembre, estuvimos en el concierto que dio Isabel Pantoja en el Auditorio de Las Palmas. Te faltaron 50 días para que pudieses ver en directo a tu ídolo, y  hubieses disfrutado de lo lindo. Imagino que esa noche brillaban las estrellas más que ninguna otra, porque tu madre y yo, te llevamos al Auditorio en tu urna para que pudieses tararear y disfrutar, como la última vez que la viste cantar en vivo.
   Sabemos que desde donde tú estés, no te perderás ningún concierto suyo, y que estarás sentada en un lugar preferente, en primera fila para que no se te escape detalle alguno.
   Nosotros sufrimos y lloramos en un auditorio con capacidad de 1600 personas con la totalidad de las localidades agotadas desde un mes antes, en sus dos representaciones que hizo aquí, en Las Palmas.
   El dolor fue aún mayor porque faltaba una persona entre el público, tú.
   Mientras nosotros llorábamos en el concierto, seguro que allá donde estés en espíritu, no pararía de cantar y bailar todas y cada una de sus canciones; porque la sabías de memoria de haberlas repetido una, y otra vez en tu equipo de sonido.
   Salimos contigo del Auditorio en los brazos, como cuando eras pequeña en el interior de tu urna, y nosotros en todo momento sentíamos tu espíritu presente, gozando de cada instante, de cada minuto, de cada aplauso; mientras a tu madre se le caían las lágrimas, pero aún en nuestro pesar; cumplimos con la promesa que te hicimos en vida; cuando venga la Pantoja a Las Palmas o Tenerife, allí te llevaremos; y lo hemos cumplido; allí estabas.
   Añoramos tus besos, tus caricias, no poder abrazarte nunca más, sólo con nuestra imaginación; pero allá donde estés, te seguiremos recordando y añorando toda la vida.               Besos y millones de abrazos de tus padres y hermano.
 



 
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